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Capilla y camarín de la Virgen del Niño Perdido

CAPILLA

Pinturas: Gaspar de la Huerta y taller. Óleos sobre lienzo. Varias medidas. Entre 1705 y 1714.

Esgrafiado: Anónimo. 136 x 49 cm. Hacia 1684.

Decoración mural esculpida. Anónimo. Estuco. Entre 1680 y 1684.

Retablo. Familia Ochando. Madera dorada y policromada y estuco. Parte plana 740 x 491 cm, más un casquete de 210 cm de radio y 1385 cm de superficie. Entre 1684 y 1690.

CORREDOR DE ACCESO AL CAMARÍN

Nicho. Josep Sebastià. Estuco. Entre 1714 y 1740.

CAMARÍN

Pinturas. Gaspar de la Huerta y taller. Óleos sobre lienzo. Varias medidas. Entre 1704 y 1714.

Decoración mural esculpida. Anónimo. Estuco. Entre 1704 y 1713.

Pintura mural. Anónimo. Temple sobre yeso. Entre 1704 y 1713.

Retablo. Luis Ochando?. Madera dorada y policromada. Entre 1704 y 1713.

Ara de altar. Anónimo. Estuco dorado y policromado. Finales del siglo XVIII o principios del XIX.

Zócalo. Azulejos barnizados. Fábrica de Manises o Valencia. Primera mitad del siglo XVIII.

Manto de la Virgen y del Niño. Anónimo. Lamé dorado bordado con hilos de plata. 198 x 118 cm. Finales del siglo XVII o principios del XVIII. 

 

Descripción

CAPILLA

El sistema decorativo de la capilla está organizado entorno a cuatro elementos:

- Trece pinturas sobre lienzo.
- Decoración mural esculpida.
- Decoración mural pintada.  
- Retablo

De todo ello la Diputación Provincial de Castellón ha intervenido en los siguientes elementos:

SAN AGUSTÍN Y SAN JERÓNIMO
Gaspar de la Huerta y taller
Óleo sobre lienzo pegado a muro
Finales del siglo XVII o principios del siglo XVIII

Ocupan un espacio rectangular en la bóveda de la capilla, justo al lado del arco de ingreso. Los dos santos se representan de pie, con su iconografía habitual. San Agustín tiene a los pies una cartela, donde figura la inscripción “regina profetarum”, y de sus labios sale la inscripción “sucurristi perdito”. Por su parte san Jerónimo presenta a los pies la consiguiente cartela, con la inscripción: “regina patriarcarum” y de su boca sale la inscripción “spes unica pecatorum”.
La presencia de san Agustín se justifica por si sola, puesto que la capilla forma parte de la iglesia del antiguo convento de agustinos. La de san Jerónimo quizá se deba a su defensa de la virginidad perpetua de María frente a Elvidio


MILAGRO DE ANTONIO VALLTERRA
Gaspar de la Huerta y taller
Temple sobre lienzo
409 x 200 cm
Entre 1705 y 1714

A un lado y otro de la capilla, sobre las puertas que dan al corredor y a la sacristía propia de la capilla, se situaron dos grandes lienzos con composiciones referidas a milagros obrados por la Virgen en la persona de Antonio Vallterra, canónigo y tesorero de la Catedral de Segorbe, ofrecidos por él como exvotos.  El restaurado por la Diputación Provincial de Castellón es el de la derecha, mirando al retablo y representa el milagro acontencido con motivo de una visita que hizo el dicho Valterra el año 1695 a su prima carnal doña Isabel Clara la Mata en Zaragoza. Durante una excursión para ver una finca, cayeron don Antonio y doña Isabel del caballo que les llevaba y una de las ruedas de la carroza que les acompañaba pasó por encima de ella, siendo librada de todo daño por intercesión de la Virgen del Niño Perdido, a quien se encomendó su primo.
El lienzo que hace pareja con él, situado en la pared de enfrente relata otro milagro, también relacionado con la familia de don Antonio Valterra y una caida ante una carroza, pero esta vez en la ciudad de València. Puesto que este milagro aconteció en 1705, según relata fray Diego de Santa Teresa, en su Historia de la prodigiosissima imagen de Nuestra Señora del Niño Perdido, hemos establecido una fecha entre este año y 1714, año del fallecimiento de Gaspar de la Huerta para la realización de ambas pinturas y el resto de decoración pictórica de la capilla.


SAN VICENTE FERRER
Gaspar de la Huerta y taller
Óleo sobre lienzo
116 x 94 cm.
Entre 1705 y 1714

El santo dominico aparece de rodillas a la izquierda, adorando la imagen de la Virgen del Niño Perdido, puesta sobre un trono que presenta decoración barroca de roleos vegetales y bajo una cortina recogida; predicando con el brazo levantado, siguiendo su iconografía habitual. En la parte superior se ha situado la imprescindible filacteria, con la inscripción incompleta “Timete deum et date”
El hecho de encontrarse este santo representado aquí, está relacionado con la tradición que le hace el primer poseedor de la imagen de la Virgen del Niño Perdido.


ESGRAFIADO
Anónimo
Estuco
136 x 49 cm.
Hacia 1684

La primera decoración mural que ornamentaba la capilla consistía en esgrafiados de elevada calidad. De ellos se ha conseguido rescatar y restaurar un pequeño fragmento, en donde se representa a dos querubines agarrados a un tallo de vid, con racimos de uva. Al mismo tiempo que se decoraba el camarín y por los mismos artífices se substituyó esta primitiva decoración por otra más a la moda y que armonizara con la que se acababa de colocar en el recinto anexo. Y así se procedió a pintar las paredes con una abigarrada decoración a base de jarrones con flores y tallos entretejidos en la cúpula, que confluyen en la bellísima clave, ocultando, cuando no destruyendo la decoración de esgrafiados.
La apàrición de este fragmento nos ha permitido deducir que el recinto fue también concebido como capilla de la comunión. La decoración de pámpanos, racimos, angelitos y aves picoteando que presentan tanto las cuatro columnas salomónicas del retablo como el esgrafiado subsistente, nos hacen llegar a esta conclusión y aproximarla todavía más a su modelo, la capilla de san Pascual Baylón de Vila-real, que realizaba a la vez las funciones de sepulcro y capilla sacramental.

DECORACIÓN MURAL ESCULPIDA
Anónimo
Estuco
Entre 1680 y 1684

La decoración esculpida se concentra en el entablamento, marcos de las ventanas y pechinas de la cúpula. En el primer caso se trata de mensulones que sostienen una marcada cornisa dispuesta sobre un friso con ovas. Por su parte en las ventanas se repetirá un fragmento de este sistema en la parte superior. En las pechinas, finalmente, encontramos medallones circulares con el anagrama de María, entre tres cabezas de querubines y roleos vegetales.
Sus características formales nos permiten aventurar que se trata del mismo autor que realizó el resto de la decoración de la iglesia del convento. En este sentido conviene recordar que en 1680 Juan Montañana se comprometió a realizar la obra de la iglesia, convento, claustro y escalera principal. A él se debe sin duda la traza y realización de la capilla de la Virgen del Niño Perdido, en linea con la renovación de la misma iglesia que la acoge. Aún así, dudamos que fuera este maestro el autor de la decoración esculpida, que sería subcontratada con algún artífice especializado.
Sin duda el mismo artista fue quien efectuó entre 1676 y 1680 la decoración de la capilla de san Pascual Baylón, en el convento de alcantarinos de Vila-real, que comparte idénticos presupuestos estilísticos y formales.

 

 


RETABLO
Familia Ochando?
Madera dorada y policromada y estuco
Parte plana: 740 x 491 cm, más un casquete de 210 cm de radio y 1385 cm de superficie.
Entre 1684 y 1690

El retablo fue pagado por mosén Marco Antonio Porcar, en agradecimiento por un milagro con que le favoreció la Virgen el año 1684, según relata fray Diego de Santa Teresa en su Historia de la Virgen del Niño Perdido. Por otra parte, la capilla no fue terminada hasta este año. Por lo tanto no puede ser anterior a esta fecha, pero también es verdad que su planteamiento estético y el de la decoración del ábside que lo enmarca, se acerca más a lo que conocemos de la última década del siglo XVII y primeras del XVIII en nuestras comarcas. Y en concreto conecta estupendamente con la obra que la familia Ochando desarrollará en los años finales de este siglo y los primeros del siguiente.   
Consta de cuatro columnas salomónicas, cuyas roscas están adornadas con angelitos, hojas de vid y racimos de uva. Descansan sobre ménsulas de hojas de acanto y cabezas de querubines. Estos soportes sostienen un arquitrabe y se prolongan en nervios adornados con roleos vegetales, que rematan en el florón que corona el ábside, justo al lado del arco de triunfo, en donde está ubicada la imagen de dios. Los entrepaños exhiben esculturas de alto relieve que representan ángeles y nubes. El nicho de la Virgen presenta arco de medio punto, adornado con cabecitas de querubines y rematado con un florón sostenido por otros dos querubines.
Se combinan aquí la talla en madera y en estuco, especialidades de la familia Ochando, a la cual hemos aproximado esta estupenda y original creación. En concreto recuerda la decoración del ábside de la ermita de la Virgen de l'Avellá de Catí. Esta decoración no la tenemos documentada, pero sí que sabemos que Luis Ochando realiza en 1728 el sagrario menudo y el retablo del camarín de este lugar. El tipo de rostros que exhiben los ángeles conecta con el alto relieve de la Anunciación que hay sobre el arco de triunfo de la ermita de la Virgen de Gracia de Vila-real, en donde sabemos que trabajaron los Ochando.
Con todo nos gustaría insistir en que no existe en nuestra ámbito geográfico ninguna otra obra que combine de manera tan íntima y harmónica yeso y madera en una misma producción.
   

 

 

PASILLO DE ACCESO AL CAMARÍN

HORNACINA
Josep Sebastià
Estuco dorado y en su color
567 x 199 cm.
Posterior a 1714.

La hornacina ocupa un estrecho espacio a la izquierda del corredor que da acceso al camarín desde la capilla. Una rica y voluminosa decoración se concentra en la parte superior, derramándose por los laterales. Así vemos que sobre el nicho en arco de medio punto sobre pilastras toscanas, hoy vacío, se disponen dos querubines sentados a los lados de un medallón donde se hallan representados la corona de espinas y los tres clavos de la cruz. Encima de él hay una peineta con una concha y un angelito y rematando la composición un baldaquino abierto. Guirnaldas de flores y roleos de hojas de cardo, completan la decoración.
Pese a lo estrecho del lugar, el escultor ha dotado de una especial monumentalidad lo que era sencillamente un nicho destinado a alguna imagen relacionada con el ciclo de la Pasión, quizá un ecce-homo o un Jesús con la cruz a cuestas, dado que sobre la hornacina, hoy vacía, hay un medallón con los elementos ya comentados. Quizá haya que recordar que la titularidad del convento de los agustinos era Jesús Nazareno, y podría haberse situado en esta discreta y a la vez llamativa hornacina, como forma de tener reunidas las dos devociones principales.
El autor de tan bella obra sería en nuestra opinión Josep Sebastià, interesante artista vila-realense, formado con Julio Leonardo Capús en València, a finales del siglo XVII y que dejó ejemplos rotundos y bellísimos de su manera de ver la escultura en la iglesia de Betxí, la iglesia del Hospital de Vila-real y en el retablo de santa Bárbara de la iglesia de la Sangre de Vilafamés, entre otros. También le debería la paternidad, a nuestro entender, el espectacular arco abocinado de ingreso a la capilla y camarín que estamos tratando.    
 


CAMARÍN

El sistema decorativo del camarín está organizado entorno a seis elementos:

- Dieciocho pinturas sobre lienzo
- Decoración mural esculpida.
- Decoración mural pintada.  
- Retablo
- Ara de altar
- Zócalo de azulejos

De todo ello la Diputación Provincial de Castellón ha intervenido en los siguientes elementos:


SANTOS DE LA ORDEN DE LOS AGUSTINOS Y SAN GREGORIO
Gaspar de la Huerta y Taller
Óleos sobre lienzo
- San Antonino 166 x 99 cm.
- San Agustín 159 x 106 cm.
- Santo Tomás de Villanueva156,5 x 106,5 cm.
- San Gregorio Magno 160,5 x 108,5 cm.
- San Juan Bueno 166 x 83 cm.
Entre 1704 y 1714.

Las partes inferiores del camarín fueron ornamentadas con una serie de lienzos que representan santos de la orden agustina más san Gregorio, de los cuales se han perdido como mínimo cuatro. Y decimos como mínimo, puesto que los dos de diseño cuadrado que se encontraban a un lado y a otro de la ventana de los pies, también perdidos, no sabemos lo que contenían. Los cinco conservados efigian a san Agustín, santo Tomás de Villanueva, san Antonino Mártir, san Gregorio Magno y san Juan Bueno. Se representan todos de pie, muy estilizados, con diferentes alusiones iconográficas y rótulos a los pies que permiten su identificación y un rápido repaso de sus méritos. Es patente la intervención intensa del taller del maestro.
Curiosamente, fray Diego de Santa Teresa afirma en su libro sobre la Virgen “están en las quatro pilastras los quatro Doctores de la Iglesia y en los ovalos del remate los quatro evangelistas”, cosa que no es cierta y se debe a una equivocación, sin lugar a dudas, puesto que los cuatro doctores de la Iglesia, de los cuales sólo subsisten dos, se hallarían en realidad en los ovalos de las pechinas de la cúpula, siendo de propia mano del maestro y lo de más calidad, y no hay ninguna pintura que represente a los evangelistas en todo el recinto.
Hemos datado el conjunto entre 1704 y 1713, puesto que en el primer año todavía están en marcha las obras de construcción del camarín, dato que nos aporta fray Diego de Santa Teresa, al hablar de uno de los milagros que obra la Virgen en fray Juan Bueno, el limosnero y principal impulsor de la construcción. La segunda fecha corresponde al año de realización del retablo principal de la iglesia del convento, cosa que hubiera sido impensable si todavía estaban pagándose los lienzos del camarín. En todo caso un año después se produce la muerte de su autor, el pintor Gaspar de la Huerta, con lo cual es seguro que están hechas antes de 1714.

 

DECORACIÓN ESCULPIDA
Anónimo
Estuco dorado y en su color
Entre 1704 y 1713

La decoración esculpida en estuco se reparte por toda la estancia, concentrándose especialmente en marcos de pinturas, pechinas de la cúpula y entorno a las ventanas. Los motivos son grandes cabezas de querubines, hojarasca, clípeos, conchas, cueros enrollados y marcos de hojas de laurel y coronas en el caso de las cuatro pinturas de los chaflanes de los soportes de la cúpula. Sobresale el baldaquino recogido de la ventana inferior de los pies del camarín, reflejo lejano del que dispuso Antonio Aliprandi en el altar de la Virgen del Milagro de Cocentaina y también del que cubría el desaparecido sepulcro de don Pedro Miralles en el Colegio Jesuita de Segorbe.

PINTURA MURAL
Anónimo
Temple sobre yeso
Entre 1704 y 1713

Toda la superficie libre del camarín se encuentra cubierta de pinturas ornamentales aplicadas directamente al muro, sobre una preparación de yeso. Los motivos son a base de jarrones de flores, roleos, guirnaldas con ramos de flores y pechinas, en una especie de horror vacui, que resulta fascinante y embriagador. Los tramos de la cúpula se ornamentan tomando como base un jarrón del que surgen interminables e intrincados tallos y flores. Los tonos son pastel, a base de rosas, cremas, azules, etc.    
 

 


RETABLO
Luis Ochando?
Madera policromada y dorada
770 x 530 cm.
Entre 1704 y 1713.

Se trata de un retablo-hornacina con ático de forma poligonal, avanzando el espacio central con la hornacina y retrocediendo las calles laterales. Se articula en base a cuatro columnas salomónicas y dos más en el ático. Las que escoltan la hornacina se hallan dispuestas sobre angelotes. El nicho central da a la imagen de la Virgen, mientras que en los espacions laterales hay sendas esculturas del Niño Jesús peregrino, que recibe culto desde antiguo en esta casa y de san Juan Bautista, cuya presencia habría que relacionar con la titularidad de la iglesia desde que se convirtió en parroquial. El nicho del ático está ocupado por la imagen de san Vicente Ferrer, a quien la tradición hace primer poseedor de la imagen de la Virgen del Niño Perdido.
El retablo tiene parecidos formales con el antiguo que presidía la iglesia de la Natividad de Almazora, obra más que probable de Luis Ochando y también con el del Santisímo Cristo de la Piedad de la iglesia parroquial de Betxí, de autoria anónima, pero quizá obra también de este escultor vila-realense, ambos desaparecidos, pero conocidos a través de fotografías. Su forma poligonal nos recuerda el que presidió el ábside de la ermita de la Vallivana de Morella hasta la pasada guerra civil.  


 


ARA DE ALTAR
Anónimo
Yeso dorado y policromado
300 x 105 x 160 cm.
Último cuarto del siglo XVIII o inicios del XIX

Tiene una disposición de prisma cuadrangular y presenta decorado su frente, con rosetas circundadas de listas ondulantes que las envuelven en la parte superior y los dos lados. En el frente observamos dos óvalos inscritos en un rectángulo, que escoltan un medallón con el anagrama de Cristo. De la parte superior de estos óvalos penden guirnaldas.
Las aras ocupan la parte inferior del frente de los altares y son el soporte donde se desarrolla el sacrificio de la misa. Antes del concilio Vaticano II esta litúrgia tenía lugar de espaldas a los fieles y por eso las aras se encuentran pegadas a los retablos.

 

 

ZÓCALO DE AZULEJOS
Fábrica de València?.
89 cm altura
Primera mitad del siglo XVIII

Está formado por piezas de 12 x 12 cm en su cuerpo principal, y un borde constituido por otros de 7 x 13 cm. La composición se ha compuesto juntando cuatro azulejos con hojas de cardo y motivos vegetales, en una composición en aspa y otros de los denominados “del mocadoret”, con una de sus mitades en blanco y la otra en verde, formando rombos. El borde presenta composición con flor central y un roleo vegetal a cada lado. Los tonos son a base de azules, amarillos y verdes.
La ausencia de motivos de rocalla y la decoración propia del rococó que se extenderá a partir de mediados del siglo XVIII y la existencia de otros conjuntos semejantes a lo largo y ancho del territorio valenciano, datados en la primera mitad de este siglo, nos han permitido ubicar cronológicamente este zócalo, que seguramente se instaló como último elemento decorativo una vez terminadas las obras del camarín, cosa que sucedería antes de 1713. Con todo hemos preferido dejar abierta la posibilidad que fueran comprados e instalados con posterioridad, pero en todo caso antes de 1760, fecha en que el rococó comienza a imponerse decididamente en todos los elementos decorativos, estando totalmente ausente de este estupendo conjunto.
No encontramos motivos ni documentales ni formales para hablar de una procedencia alcorina de este zócalo, como se ha hecho en ocasiones.