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Santa María Magdalena de Pazzis

Ignacio Vergara. Madera tallada, dorada y policromada. Segunda mitad del siglo XVIII. 104 x 64 x 37,5 cm. Convento de Carmelitas Descalzas de Caudiel.

Descripción

La santa carmelita se encuentra semiarrodillada sobre un trono de nubes, sosteniendo una cruz en el brazo izquierdo hacia la que dirige su mirada, mientras el derecho se halla extendido. El manto presenta una bella decoración en los bordes, como las utilizadas por Vergara en otras de sus creaciones.
Exhibe un airoso movimiento de torsión, muy en la linea de los experimentos barrocos de la Roma de mediados del siglo XVIII y del círculo de escultores entorno a Bernini. A nosotros nos recuerda sobremanera el Martirio de santa Inés, de Ercole Ferrata.
Creemos que debió formar parte del conjunto de esculturas del retablo principal de la iglesia del Convento de Carmelitas Descalzas de Caudiel, junto al san Elias, el san Eliseo y quizá el crucificado pequeño que también se exhibe en esta muestra. Son todas ellas esculturas atribuibles por razones formales al propio Ignacio Vergara o a su taller o círculo en el caso del pequeño crucificado. En la institución conventual hay otras esculturas igualmente atribuibles a Vergara, que representan a santa Marta, san Joaquín, santo Tomás de Aquino y san Lorenzo, pero que por razones iconográficas difícilmente pudieron ocupar un lugar en el retablo principal.
La referencia formal más próxima a esta bella imagen quizá sea la santa Rosa de Lima que presidia el retablo principal de la capilla a ella dedicada en la Real Casa de Enseñanza y Colegio de Doncellas de Distinguido Nacimiento, fundada en València por el Arzobispo Mayoral en 1758. El conjunto de esculturas que hizo Vergara para ella se situa cronológicamente entre 1758 y 1763. La postura de las dos santas es prácticamente idéntica, si bien cambian, claro está, los ropajes, su color, la disposición de las nubes y la cruz es substituida por un Niño Jesús. En la de Caudiel hay menos calidad y se aprecia una mayor intervención del taller, mientras que la santa Rosa es una obra de más empeño y, indudablemente, de la propia mano del escultor.