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San José

Anónimo. Madera tallada, dorada y policromada. Primera miitad del siglo XVIII. 94 x28 x 28. Convento de Carmelitas Descalzas de Caudiel.

Descripción

Se trata de una escultura de vestir que sólo tiene trabajados cabeza, manos y pies, igual que la del Niño Jesús que sostiene en el brazo izquierdo. En el derecho sostiene la vara florida de su iconografía tradicional, como símbolo de pureza. Muestra una aureola plateada en la cabeza con bella decoración barroca. Se asienta la figura en un pedestal decorado en los ángulos con volutas vegetales y palmetas en los frentes, semejante al de san Juan de la Cruz que también figura en esta exposición.
La presencia de imágenes de san José es obligada en los conventos carmelitas reformados, dada la gran devoción que le profesaba santa Teresa de Jesús, quien según testimonian sus propios acompañantes y sus biografos Ribera y Gracián llevará siempre consigo en el carromato una imagen de san José. En palabras del mismo Gracián: “en todas las fundaciones llevaba consigo una imagen de bulto de este glorioso Santo, que ahora está en Ávila, llamándole fundador de esta Orden… Los cuales (discípulos de la Santa) reconocen por fundador de esta reformación al glorioso san José, con cuya devoción la fundó la Madre Teresa…”.
En sus tribulaciones la santa acudía a él para ser sanada, y según sus propias palabras: "Como me vi tan (enferma), y en tan poca edad, y cuál me habían parado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen... y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo. De los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma. Que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; de este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas; y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra..., así en el Cielo hace cuanto le pide... Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu... Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud... Paréceme ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Y si va algo torcida la petición, él la endereza, para más bien mío. Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso Santo a mí y a otras personas. Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial personas de oración siempre le habían de ser muy aficionadas ... Quien no hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará el camino. Plegue al Señor que no haya yo errado en atreverme a hablar de él, porque, aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he fallado".
Esta escultura, un poco rígida y con excesiva frontalidad, presenta calidades notables en la cara del santo y en la del Niño, así como en el pedestal. Sus características formales nos recuerdan las esculturas del retablo principal de la iglesia de Atzeneta. Sería posible encontrar parecidos razonables con la imagen del san Cristóbal que ocupa el extremo derecho de la cornisa del ático o con el san Roque que ocupa el extremo izquierdo.